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27 de septiembre de 2016 - 13:59 pm

El primer debate Hillary-Donald Trump

El primer debate Hillary-Donald Trump

Si bien lo que pase en las próximas elecciones de los Estados Unidos podría traer algunas consecuencias económicas o políticas para la economía mexicana; no debemos perder de vista que nuestro presente y nuestro futuro tiene más que ver más con lo que ha hecho o deje de hacer nuestro gobierno de la república. Sobre todo porque, como en el pasado, es más fácil culpar al colonialismo, a la dependencia, al imperialismo o a las circunstancias externas de nuestro atraso económico y social.

Es cierto que en estos momentos los mercados financieros están atentos a las preferencias electorales en nuestro país vecino, pero estarán más atentos a las perspectivas de crecimiento de la economía mexicana, al manejo de nuestra deuda externa, a la gestión del gasto público, a la inflación y al comportamiento del consumo interno.

También es cierto que es interesante ver las propuestas de Demócratas o Republicanos, pues de quien gane la presidencia en Estados Unidos depende relativamente el futuro de todo el mundo, no sólo el de México. En primer lugar porque, si algo caracterizó la gestión de los republicanos George Bush, padre e hijo, fue su postura belicosa frente al mundo; tal como es ahora la de Donald Trump, quien amenaza con hacer ajustes de política exterior contra China, Japón, México y otros países.

Su estrategia de política exterior e interior tienen que ver con sus antecedentes familiares y personales, pues hay que tomar en cuenta que en su calidad de empresario su visión es la de imponer autoritariamente sus propias reglas, reducir los impuestos a los ricos para atraer a los inversionistas y de esa manera generar empleos.

En su primer debate del pasado día 26, Donald Trump demostró su poca capacidad política, su escasa visión de estadista y su gran ambición por los negocios; pues menosprecia las capacidades de los demás (mujeres, inmigrantes y obreros), no tiene carácter negociador y cree que le hace un favor a la población con tan sólo crear empleos.

En segundo lugar, es de tomar en cuenta que si algo ha caracterizado a los demócratas, incluyendo a Barack Obama, es su carácter conciliador, su estrecha cooperación con los asuntos internacionales y su solidaridad y simpatía con las causas populares; es más, tiene que ver con su perfil académico y político.

Es comprensible que por su misoginia, su racismo, su espíritu empresarial y su rivalidad política desconozca los logros de los gobiernos demócratas de los Clinton y Obama; como el haber alcanzado, en su momento, un acuerdo comercial con México favorable a los Estados Unidos, el lograr la reanudación de las relaciones diplomáticas con Cuba, el retirar tropas norteamericanas de Medio Oriente, proponer una ley migratoria a favor de los inmigrantes, reducir el desempleo de 7.2 en 2013 a 4.9 en 2016 y hacer crecer la economía de entre 2.4 y 3.5 en el mismo periodo; todo ello da cuenta de lo que representaría un gobierno en manos de uno o de otro partido.

En fin, sólo a los norteamericanos les corresponde decidir qué tipo de gobierno están dispuestos a elegir y que tanto estarán dispuestos a participar en el desquiciamiento o no de los mercados mundiales y de la propia sociedad norteamericana.

Lo que nos debe quedar muy claro es que nuestra vulnerabilidad frente a los Estados Unidos no depende de quien gane o quien pierda; depende de quien gobierne este país en los próximos años; depende de lo que se haga o se deje de hacer en materia de política económica en el momento actual.

Lo cierto es que el país no puede seguir simulando que hay crecimiento económico, que no hay inflación, que bajó el desempleo, que hay control del gasto público o que la depreciación del peso no afecta a nuestra economía. Simplemente, si hubiera crecimiento económico tendríamos un peso fuerte, si hubiera más empleo habría menos delincuencia, si hubiera control del gasto no hubieran aumentado el presupuesto a los partidos y al INE y si la fortaleza del dólar no nos afecta, entonces no tenemos de qué preocuparnos. Por eso, dejemos de preocuparnos por lo que pasa afuera y resolvamos lo que depende internamente de nosotros mismos.

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